GESTIÓN CULTURAL: FUNDAMENTOS Y MODELOS

La definición de gestión cultural es compleja, obedece al concepto de cultura, de cultura popular y al concepto de cultura en los diferentes contextos internacionales. Así, en Alemania la palabra kultur tiene más bien un sentido de diferenciación, de especificidad de un pueblo, mientras que en Francia el sentido de culture es más universalista. Como se ha venido puntualizando cultura apela a lo simbólico, a la identidad, al patrimonio, a la accesibilidad, a los derechos, a la educación, a la cooperación, a la interculturalidad, a las potencialidades y recursos. En el ambiente anglosajón, se suele hablar de arts management y no de cultural management, esto remite a cavilar si la definición de gestión cultural en Latinoamérica correspondería a gestión artística; no obstante en el contexto de la tradición reciente de la gestión cultural Latinoamericana se encuentra un concepto y una praxis amplios que incluyen la gestión de las artes, del patrimonio, de la memoria, de la identidad, de la diversidad, de los recursos culturales populares, puesto que, por ejemplo, la gestión de una fiesta tradicional indígena o de un programa de circo social, igual que la gestión de un Centro Intercultural Comunitario (CIC)[1] también se encuentran dentro del campo de la gestión cultural. Y en lo que respecta a la palabra gestión, ésta podría definirse -a secas- como administrar recursos y canalizar potencialidades, con propósitos específicos.

 

La noción de gestión se construye hacia la segunda mitad de la década de los ochenta, tanto en las instituciones gubernamentales como en los grupos subalternos comunitarios, como un nuevo modelo de sistema productivo. Drucker (citado en Martinell, 2004, 28) estableció tres grandes periodos de la evolución de las organizaciones: revolución industrial (1750-1850), revolución de la productividad (1850-1950) y revolución de la gestión (1950-1980). Esta última etapa muestra una mayor preocupación por los procesos y los objetivos más amplios que la producción. La gestión entonces, se convierte en el lenguaje más apropiado para los sectores sociales, educativos y culturales como exigencia de una mayor eficacia y eficiencia en los objetivos. Gestión, en resumen es el conjunto de actividades emanadas en forma sistemática hasta la comprobación por medio del control y la evaluación, en otras palabras se dirá que gestión encierra la eficiencia, eficacia y calidad con que se desarrollan las actividades en beneficio de la colectividad. También involucra la efectividad o productividad.

 

El concepto de gestión se incorpora a nuevos sectores de la vida social como expresión de la necesidad de dar respuesta cualificada a nuevos retos de la sociedad. Así se desarrollan nuevos campos de gestión: economía, turismo, ambiente, calidad, etc. 

 

El concepto de gestión se diferencia del de administración, a partir del debate de las nuevas tendencias de la gestión pública y la crítica a las estructuras burocráticas para adaptarse a las nuevas necesidades sociales. Alfons Martinell,[2] establece diferenciaciones entre administración y gestión.

 

 

Administración

Gestión

-Significa mandar sobre una estructura jerarquizada

-Está sujeto a los procedimientos, normas y controles que garantizan la correcta utilización de los recursos

-Es un acto más mecánico

-Se centra en el funcionamiento tradicional y piramidal

-La responsabilidad es pública, sujeta a los procedimientos, normas y legislaciones que han de prever todas las posibles situaciones

 

-Significa conducir los asuntos de alguien y ejercer autoridad sobre una organización

-Significa utilizar el conocimiento como mecanismo de mejora continua

-No se centra en la jerarquía, sino en la capacidad de promover una innovación sistemática del saber y su aplicación a la producción o resultado

-La responsabilidad es mas privada e individual

-Reclama más autonomía a cambio de auto responsabilidad de los resultados

-El derecho a dirigir y el deber a rendir cuentas

 

 

La gestión así pensada, se acerca más a la utilización de la imaginación que a esquemas rígidos, mecanicistas y burocratizados, en la búsqueda de alternativas e innovación, donde la optimización de los recursos, a bajo costo y menor tiempo sumado al cumplimiento de objetivos y logro de metas caracterizan un buen desempeño al igual que la procura de satisfacción al usuario, y donde la calidez es su mayor herramienta, con una gran sensibilidad de atención a los procesos de sus contextos más próximos y al exterior.

 

Por lo que para el sector cultural gestionar significa usar cierta sensibilidad para comprender, analizar, interpretar y actuar sobre y en los procesos sociales, en los que la cultura es el factor gravitante. La gestión de la cultura, según Martinell, implica valorar los intangibles y asumir la gestión de lo opinable y subjetivo “circulando entre la necesaria evaluación de sus resultados y la visibilidad de sus aspectos cualitativos”. La gestión de la cultura debe encontrar unos referentes propios de su acción, adaptarse a sus particularidades y hallar un modo de evidenciar, de forma muy distinta, los criterios de eficacia, eficiencia, calidad, control y evaluación, efectividad y productividad.

 

La gestión cultural como campo profesional supone contar con talentos entrenados en el marco de la gestión, las políticas y el desarrollo social, tanto en los ámbitos público y comunitario, cuanto en el privado. El desarrollo de la gestión cultural, a nivel académico, en Iberoamérica, lo lidera España, con la instauración en 1989 de la carrera de gestión cultural, en la Facultad de Economía de la Universidad de Barcelona y con la cátedra UNESCO de Políticas Culturales en la Universidad de Girona. En sus inicios apareció como una propuesta de actividad distinta a la realizada por los "animadores y/o promotores culturales", "administradores y/o gerentes culturales" o "trabajadores culturales". Sin embargo, para comprender el desarrollo de la gestión cultural en Iberoamérica, se han planteado algunas tesis significativas.[3]

 

Según el escritor Jorge Cornejo (Perú), la gestión cultural incluye y asimila las denominaciones de animadores y promotores culturales. Otra corriente de autores sostiene la necesidad de preservar las denominaciones de animadores y promotores culturales, ya que al eliminarlas no se diferencia entre las actividades económicas y los procesos culturales. Por ello, rechazan la expresión “Gestión cultural”, al considerarla una intromisión excesiva de lo económico en la dimensión cultural. Jesús Martín-Barbero y Néstor García Canclini consideran que la Gestión cultural solamente puede entenderse si se da una justa ubicación a aquellos elementos económicos y recursos, en equilibrio con aquello que no es medible (cualificable), como el patrimonio intangible o los derechos culturales. Para el caso ecuatoriano, con la creación del Ministerio de Cultura (2007), a los gestores culturales de campo se les denominó activistas.[4]

 

En la gestión cultural han incidido cuatro transformaciones contemporáneas de lo que se entiende por cultura:

 

i)                    Comprensión de la cultura desde los ámbitos filosóficos, sociales, políticos y jurídicos, lo que implica ampliar la dimensión del conocimiento de lo cultural;

ii)                   Surgimiento de otras concepciones de política y desarrollo en la experiencia latinoamericana;

iii)                 Creación de políticas culturales que den respuestas más allá de las culturas artística y tradicional y del patrimonio; y,

iv)                 Urgencia de repensar las relaciones entre economía y cultura.

 

En este sentido, Alfonso Hernández,[5] entiende a la gestión cultural desde una visión pragmática;

 

Como la organización del trabajo plasmado en un proyecto dentro de los tiempos previstos, los objetivos, las metas y los costos calculados en la planificación estratégica, en la cual están involucrados todos los recursos de la organización cultural.

 

Tiene como referente permanente los significados y acciones que dinamizan la vida cultural de personas y de grupos. Gestionar proyectos culturales es un proceso que consiste en diseñar, implementar y evaluar la transformación de una determinada realidad. El resultado de la gestión cultural estará determinado por la calidad de vida[6] de los ciudadanos, lo que de ninguna manera significa centrarse en el consumo.

 

La gestión cultural provee conocimientos para incentivar la participación, la democratización, la expansión de la creatividad  y la generación, circulación, consumo y acceso a los productos culturales. Este desafío exige que los gestores culturales, con diferentes equipajes identitarios,[7]adquieran conocimientos administrativos, estéticos, económicos, legales y comunicativos para la efectividad de su desempeño. Jorge Bernárdez López[8] define a la gestión cultural como:

 

La administración de los recursos de una organización cultural con el objetivo de ofrecer un producto o servicio que llegue al mayor número de públicos o consumidores, procurándoles la máxima satisfacción.

 

Para una aproximación a la construcción conceptual de la gestión cultural se recurrirá además a otra definición de gestión:

 

“conjunto de reglas, procedimientos y métodos operativos para llevar a cabo con eficacia una actividad empresarial tendente a alcanzar objetivos concretos”.[9]  

 

De esta manera, la gestión de la cultura es igual que la de cualquier otro bien del mundo de la economía, salvo algunas especificidades que la hacen una técnica sensible  con personalidad propia. Una especificidad, según Jorge Bernárdez López, es la escasa o nula capacidad de decisión del gestor cultural sobre el proceso creativo del bien cultural, siendo ésta una restricción desde el marketing cultural, no obstante, por ejemplo debe ayudar a decidir sobre el tipo de espectáculo que se ha de crear por motivos estrictamente de gestión, como el recomendar la producción de un espectáculo para acceder a un determinado circuito de espectáculos educativos, pero no sobre el cómo ni el qué crear.

 

Otro ejemplo para aclarar esta característica: un productor cinematográfico puede decidir sobre el actor o director o sobre la obra a producir, pero desde un punto de vista artístico no sería aceptable ya que es tarea del director, los técnicos o los actores. Lo mismo sucede con el gestor cultural, porque  éste no puede  influir sobre el “producto” que elaboran  los artistas, como cambiar los colores de un cuadro o el final de una obra de teatro, arguyendo que  “no hay mucho público”, pero si puede buscar la  viabilidad de posicionar los productos culturales que dependen de sus habilidades y conocimientos como profesional de la gestión de la cultura. Se puede considerar que desde el punto de vista de la gestión, la cultura ofrece más retos que otras esferas claramente definidas (salud, alimentación, educación, vivienda, ambiente), ya que si bien los gestores culturales utilizan las mismas técnicas de gestión de otros ámbitos sociales, inciden poco o nada sobre las características del producto.[10] La misión del gestor cultural[11] por lo tanto no es modificar o hacer más consumible el bien o producto cultural, sino encontrar los públicos apropiados, combinando adecuadamente el resto de las variables de la gestión (costo, canal de venta, promoción), de forma que se maximice el beneficio social derivado del intercambio entre el “creador” y el “consumidor”.

 

Otra característica de la gestión cultural es la enorme diferencia en el uso de tecnologías entre los diferentes ámbitos culturales.[12] El término cultura abarca o incide en numerosas actividades de diferente índole. Así, existen bienes culturales con procesos de elaboración artesanales[13] o actuaciones en vivo de títeres o teatro de la calle, mientras que otras tienen un carácter claramente industrial: cine, música grabada, edición de libros, producción de videojuegos. Por último, la posibilidad que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y comunicación (NTIC) como el internet, al permitir la digitalización de contenidos, lo que está provocando una auténtica revolución en la creación y en los modelos de negocio de productoras audiovisuales, cidigráficas, editoriales y sociedades de derechos de autor. Aquí es necesario apostar  por  la “cultura libre”; contenidos que transitan libremente en la red, para el beneficio de todos, igual que un monumento o un edificio, como productos tridimensionales públicos, libres de restricción y abiertos a la contemplación y disfrute o en el caso de la música, por ejemplo, que ya se puede componer en red entre varios creadores de continentes distintos. Hay que diferenciar del libre mercado donde la piratería ha tomado su ventaja, obviamente convirtiéndose en delito. Hay que terminar con esta práctica, no solo por los perjuicios económicos sino porque atenta contra los valores positivos de la sociedad.

 

Retomando a Hernández[14], la gestión cultural se instrumentaliza mediante proyectos específicos, los cuales para su ejecución deben tomar en cuenta algunos parámetros, entre ellos:

 

i)              Gestión de la calidad,  lo que significa asegurar la calidad del proyecto y verificar el cumplimiento de los requisitos establecidos;

ii)             Gestión de las personas, que tiene que ver con considerar a las personas que van a intervenir en el proyecto. Normalmente no se acostumbra planificar los talentos; sin embargo, es fundamental, pues es clave en cualquier proyecto;

iii)            Gestión de  las comunicaciones, lo que significa diseñar, implementar y controlar adecuadamente la información relativa al proyecto. La pésima comunicación puede significar la muerte prematura de un proyecto;

iv)            Gestión del riesgo, lo que supone estar atento a las posibles amenazas para minimizarlas, y estar expectante a posibles soluciones para potenciarlas y rectificar adecuadamente el curso del proyecto;

v)             Gestión de las compras, que  es garantizar la logística y su correcta gestión. Es decir, proveerse de los recursos necesarios para que el proyecto sea posible;

vi)            Gestión de los conflictos, que implica desarrollar mecanismos para conocer el origen de los conflictos, manejarlos y resolverlos de manera que se constituyan en momentos de aprendizaje para la mejor implementación del proyecto.

 

Los contextos institucionales y sociales determinan también las nociones de gestión cultural y de su operatividad. Los modelos y tipos de gestión cultural más frecuentes son: pública, comunitaria y privada; las gestiones mixta e internacional son derivaciones y/o combinaciones de estas tres.

 

 

 

 

 

 



[1]  Programa de implementación de Centros Interculturales Comunitarios. Dirección de Gestión Local y Desarrollo Comunitario. Ministerio de Cultura (2007).

[2]  Seminario internacional: la formación en Gestión y Políticas Culturales para la Diversidad Cultural y el Desarrollo, Girona, 30 de agosto al 2 de septiembre de 2004.

[3]  Cuaderno 2.  Gestión y políticas culturales. Escuela itinerante de Gestión Cultural. Dirección de Formación y Capacitación. Ministerio de Cultura. 2009.

[4]  En relación con la acción de revolución cultural, esto es que el activista cultural interviene activamente en los sectores populares de su territorio para la descolonización y en el ejercicio de los derechos culturales.

[5]  Hernández, Alfonso, El gestor cultural en formación continua, Hacia una formación en competencias. VI Encuentro Internacional “Formación en gestión cultural”, Tulcán, 2009.

[6]  A calidad de vida se la concibe  no como consumo sino como un “estado global que hace sentirse bien o produce bienestar a las personas, que incluye unas condiciones de vida dignas; el que toda la ciudadanía tenga a su alcance unos recursos mínimos para protegerse de los riesgos de la existencia y para sentirse insertada en una comunidad y sociedad”. Informe 2003 de la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y Trabajo.

[7]  Por ejemplo los priostes o mantenedores de una fiesta popular indígena 

[8]  Definiciones de Gestión Cultural. La profesión de la gestión cultural: definiciones y retos 1. Portal Iberoamericano de Gestión Cultural. www.gestióncultural.org

[9]  Ibid

[10]  Este es el portal especializado en gestión cultural iberoamericana: www.gestióncultural.org donde se puede encontrar documentos de debate y reflexión en torno a los fundamentos de la gestión cultural.

[11]  Es importante resaltar las diferencias distintivas entre las misiones del gestor cultural genérico y del específico y tomando en cuenta  sobre todo sus ámbitos de acción (privado, público, comunitario, mixto, internacional).

[12]  (lo artístico, las industrias creativas y culturales, la industria del ocio-entretenimiento, etc.)

[13]  Por ejemplo toda la industria artesanal que se produce en la ciudad de Otavalo.

[14]  Hernández, Alfonso, El gestor cultural en formación continua, Hacia una formación en competencias. VI Encuentro Internacional “Formación en gestión cultural”, Dirección de Capacitación, Ministerio de Cultura, Tulcán, 2009.

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Comentarios

aki tambien me parece que esto te sirve para  hablar en la introduccion pilas todoo hay que leer.

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Duele un poco no ver ni una mayúscula en todo el texto. Por lo demás, interesante lectura. 

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la gestión cultural es un cionjunto de estrategías utilizadas para facilitar un adecuado acceso al patrimonio cultural por parte de los ciudadanos y la sociedad en general. sirve para administrar recursos, promover eventos culturales, campañas de lanzamiento de obras de artes, visitas y guianzas turisticas por los lugares emblemáticos de la comunidad y de la visita de turistas  a nuestra ciudad o Capital.  

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la gestión cultural es un conjunto de estrategías utilizadas para facilitar un adecuado acceso al patrimonio cultural por parte de los ciudadanos y la sociedad en general. sirve para administrar recursos, promover eventos culturales, campañas de lanzamiento de obras de artes, visitas y guianzas turisticas por los lugares emblemáticos de la comunidad y de la visita de turistas  a nuestra ciudad o Capital.  atte Carlos Londoño gestor cultural y patrimonial e investigador y docente 

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